Por Carlos Martínez-Rivera
Faltaban unos pocos segundos para que el reloj sueco marcara la 1:00 de la tarde del 7 de octubre. Antes de que llegara la puntualidad, el mundo supo de la boca del secretario de la Academia sueca, Peter Englund, que el escritor peruano Mario Vargas Llosa, de 74 años, ganó el codiciado Premio Nobel de Literatura. En ese instante el galardonado supo que la llamada que había recibido 14 minutos antes para adelantarle la noticia era verdadera y no una broma de mal gusto. Inmediatamente, los medios de comunicación y amistades se desbordaron en merecidos halagos hacia el narrador.
Muchos aseguraban que con la entrega de este premio se hacía justicia a uno de los máximos exponentes del Boom Latinoamericano. Justicia porque América Latina tuvo que esperar 20 años para que otro de sus hijos recibiera el Nobel de Literatura. El último en ser parte del selecto grupo fue el poeta mexicano Octavio Paz (1914-1998).
Tal vez por humildad o para no aparentar ante los medios que es un engreído, Vargas Llosa, quien se encuentra en la Universidad de Princeton ofreciendo un curso sobre Jorge Luis Borges, afirmó que no se esperaba el premio.
“Hace muchos años que no pensaba para nada en el Premio Nobel. Además, mi nombre no se mencionaba para nada en el Premio Nobel en los últimos años así que no lo esperaba. Ha sido una sorpresa agradable, pero total”, dijo a una cadena radial.
En medio de la vorágine de adulaciones habían algunos indignados con que se le otorgara el premio, en parte, por sus ambivalentes posiciones políticas. En una época apoyó la Revolución Cubana de Fidel Castro, pero luego pasó a despreciarla. Debido a su actividad política ha sido muy criticado. En el 1990 trató de conseguir infructuosamente la presidencia del Perú por el partido centroderecha Frente Democrático. Aunque ganó en la primera vuelta, en la segunda perdió ante el líder populista Alberto Fujimori.
La política siempre estuvo presente en su vida, por lo que parte de su obra literaria se ha enfocado en este tema. Así lo atestigua su novela La fiesta del Chivo (2000) sobre el régimen sultanístico de Rafael Leonidas Trujillo en la República Dominicana. Igual, en su monumental Conversación en La Catedral (1969), en la cual se pregunta “¿En qué momento se había jodido el Perú?”, se adentra en el ochenio dictatorial del general Manuel A. Odría. Recientemente, retomó la discusión sobre la democracia en su libro Sables y utopías: visiones de América Latina (2009).
Curiosamente, el Nobel no le pudo llegar en mejor momento porque en otoño publicará su próxima novela titulada El sueño del celta situada durante el régimen de Leopoldo II en el Congo Belga. ¿Casualidad?
Pese a sus ideales políticos, Vargas Llosa es un escritor que rompió con esquemas narrativos. Su estilo novelístico, que puede ser complicado para los novatos, es un logro para la literatura latinoamericana. En fin, con este galardón se laurea su vasto trabajo literario no su política.
Por fin!! es un importantìsimo reconocimiento para una obra fantàstica!
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