Aguirre, la ira de dios (1972)Aguirre, der Zorn Gottes
Dirigida por Werner Herzog
Con Klaus Kinski, Ruy Guerra, Peter Berling y Helena Rojo.
Por Gonzalo Muñoz Agopián
¿Quién es el héroe, en la guerra o en la conquista? ¡Oh bodas lúdicas de Mallarmé, haced descansar al fauno de las ninfas! El sueño, en este caso, es de Werner Herzog. Y de Klaus Kinsky. ¿Quién es el héroe en la ira de dios? No los hay. O son todos. ¿Y el antihéroe? Ahí si lo sabemos con seguridad: somos todos nosotros. El indio, el conquistador, el sodomita, el sacerdote fascinado por la misma codicia caníbal de los antropófagos de la isla amazónica (“Sólo la antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente” *). Éstos por necesidad, el otro, el conquistador de la colonia católica, el sacerote, el obispo, el enviado, por deseo, el deseo más firme de todos en estos casos, que formula toda la obra maestra: la codicia por la posibilidad infinita de tener. Y tener dinero, mujeres, comida, gula, ira, fornicación, lujo. El desmedro en nombre del desmedro. Ah, si, pero siempre encapsulado en una corona evangelizadora o ideal. Y los otros, los indios, los otros bastardos olvidados por dios desean lo mismo: ser príncipes de príncipes, la gloria de la gloria, siempre a mayor honra del hombre. Pero ¿quién es el héroe?. Tal vez el único egipcio erudito en las artes de leer los cielos de la verdad (si es que hay una) y de la Idea, que se erige en las alturas cultivando la manifestación de los más osadas formas y contenidos arquetípicos, desde donde nace todo: el sol, la luna y otra vez el sol y construye semblantes ideológicos que cultivan los valores y antivalores del hombre, es Aguirre. Él conquista, finalmente no por la conquista burguesa del placer prestado, él desea conquistar por gloria y honor, quizás los únicos valores más cercanos a la epopeya del filosofo. Aguirre, sí, Aguirre, la cólera misma de dios, es el verdadero héroe, pero enmascarado, formulado, exigido como antihéroe. El más sincero, el más crucial, el espontáneo, el genuino, el desdoblado de sí mismo, el que logró salir de sí y trascender, como trascienden los héroes, mediante el sacrificio de uno mismo por uno mismo. Y solo (en su ánimo de guerrero invencible) es el único que persiste de pie, en la canoa, en la balsa de palos malditos, ajenos, desconocidos, esperando la conquista de su sueño, el trofeo mismo: conquistar. He aquí el valor más elevado de la evolución humana: la conquista de lo desconocido, la comprensión de la oscuridad, iluminar lo negro, poseer el espacio, la madre germinal de los grandes avances de la raza humana. Ella y el amor, construyen, como la guerra y el orden, los ciclos que desde siempre han cultivado las profundidades más últimas del alma humana y las rosas más bellas del jardín del Edén perdido: la eterna libertad de disfrutar el placer y la posibilidad infinita de ser-sin-límites. La no-castración, el rey, el creador. Pero aquí, el antihéroe es el héroe y el sacrificio, hijo sagrado de la culpa divina, desea despertar. ¿Dejarán las ninfas dormir, esta vez, al fauno?
La espalda de Dios, el único rostro que se le conoce, es tan oscura como la luz que puede dar su figura. La ira de dios, no es sino también su máxima expresión de amor. Y, a pesar de las muertes, de los privados, de los quedados en el camino, de la niña, del traidor, de la fabulación falsa de creer en el orden preestablecido de una corona artificial, no se puede decir más que: no existen héroes buenos o malos, antihéroes positivos o antihéroes descarados, solo es héroe el que es capaz de desenvolvimiento humano.
Así y todo, la torre de babel sigue creciendo, para que tal vez algún día, alcance a poder vislumbrar frente a frente las narices de su dios. Pero para semejante ocasión, como afirma Carl Gustav Jung, el psiquiatra suizo, hace falta humildad. Y no hay mayor humildad que saberse un antihéroe. Y si aún así la crítica es pura y tiene sus razones de castigo, si aun así el hombre espurio es juzgado por su naturaleza completa, por lo que realmente es, la más bella de todas las bondades y la más cruel de todas las verdades, no os preocupéis, la magnolia seguirá creciendo.
* Oswald de Andrade. Revista de Antropofagia, año I, nro I. Mayo de 1928, San Pablo, Brasil. (Año 374 de la Deglución del Obispo Sardinha – Piratininga).
El templo de la magnolia

La magnolia sigue creciendo.
Y el hombre está desnudo.
Han nacido el héroe, Dios y el antihéroe.
Serán todos los hombres.
Y triste, en el refugio, el Fauno llora.
Y el hombre está desnudo.
Han nacido el héroe, Dios y el antihéroe.
Serán todos los hombres.
Y triste, en el refugio, el Fauno llora.
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