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martes, 5 de abril de 2011

Crónica negra





En Flores negras. Diálogos sobre el género criminal, ya pudimos leer el artículo “Nadie te ha invitado”, en el que a través de la obra de Hopper se analizaba la influencia que el arte había tenido en algunos de los mejores ejemplos del cine y la literatura negra. Sin embargo, en esta ocasión daremos la vuelta a la tortilla analizando el influjo que el género negro ha tenido en el arte, y en concreto en el colectivo artístico conocido como Equipo Crónica. Este colectivo, formado por los pintores Rafael Solbes y Manolo Valdés, es el máximo exponente del Pop Art en España. A lo largo de la década de los setenta, dio un giro a su estilo hacia una vertiente más social en lo temático y hacia la tendencia conocida como Nuevos Realismos en lo estético. En este contexto hay que situar su conocida como “Serie Negra”, del año 1975, un conjunto de cinco serigrafías inspiradas en la iconografía del cine negro y la novela policíaca, tan popular por aquellos años. A los gángsters, referencias a pintores como Roy Lichtenstein, fotogramas de la película The Roaring Twenties de Raoul Walsh (1939), se suman elementos propios del oficio de pintor, como cuadernos, lápices, pinceles y pinceladas, siguiendo la tendencia de reflexión sobre el arte desarrollada en sus obras anteriores. ¿Qué es el pintor, investigador o perseguido? La pregunta queda en el aire.



jueves, 17 de marzo de 2011

Historias de cubistas y ficciones



Jusep Torres Campalans nació en 1886 en Mollerusa, Lleida. Hijo de payeses tuvo que huir a Francia para evitar las milicias debido a su participación en el movimiento anarquista e independentista catalán. Allí se reencontró con Picasso, al que ya conocía de sus años en Barcelona. Fue él quien lo animó a pintar y vivir la vida bohemia de la ciudad. Después de una agitada temporada en la capital parisina, y desencantado con su arte, se retira en 1914 a una pequeña aldea de Chiapas (México). Allí permanecerá recluido y olvidado hasta que en 1958 el escritor español Max Aub lo dio a conocer al mundo, destacando el lugar que la historia del arte no le había reconocido en el nacimiento del movimiento cubista, junto a Picasso y Braque. Después de varias conversaciones con él, escribe una completa biografía del artista, cargada de fotografías, cronologías y bibliografía recomendada.

También saca a la luz el libro de notas y apuntes que el propio Torres Campalans escribió entre los años 1906 a 1914, junto al catálogo realizado por el crítico Richard Town para la frustrada exposición individual en la Tate Gallery de Londres de 1942, que tuvo que ser cancelada por los problemas generados por la Segunda Guerra Mundial. Algunas fotografías de sus cuadros y de su amistad con Picasso y la vanguardia parisina también formaban parte de esta publicación.
La reaparición de este gran genio olvidado por la historiografía del momento, llegó a cuasar una gran conmoción en la crítica de esos años y fueron numerosos los periódicos internacionales que se hicieron eco del descubrimiento que removía los pilares del arte moderno.
Toda esta emocionante historia sería interesantísima para cualquier historiador si no se tratase más que de un puro fraude, una genial broma de Max Aub, una compleja creación literaria que sobrepasó todos los límites debido al magnífico trabajo documental detrás de lo puramente literario. Fue él mismo quien pintó algunos de los cuadros cubistas que aparecen recogidos en el catálogo de Torres Campalans y fue ayudado por el artista y fotógrafo Josep Renau para realizar algunos de los fotomontajes del pintor con otros artistas como Picasso.
Artista, cuadros, biografía, fotografías, exposiciones, el crítico Richard Town, la exposición en la Tate, todo, absolutamente todo, era una pura ficción surgida de la brillante mente de Max Aub.

jueves, 2 de septiembre de 2010

El encantamiento del Fauno

Aguirre, la ira de dios (1972)
Aguirre, der Zorn Gottes
Dirigida por Werner Herzog
Con Klaus Kinski, Ruy Guerra, Peter Berling y Helena Rojo.

Por Gonzalo Muñoz Agopián

¿Quién es el héroe, en la guerra o en la conquista? ¡Oh bodas lúdicas de Mallarmé, haced descansar al fauno de las ninfas! El sueño, en este caso, es de Werner Herzog. Y de Klaus Kinsky. ¿Quién es el héroe en la ira de dios? No los hay. O son todos. ¿Y el antihéroe? Ahí si lo sabemos con seguridad: somos todos nosotros. El indio, el conquistador, el sodomita, el sacerdote fascinado por la misma codicia caníbal de los antropófagos de la isla amazónica (“Sólo la antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente” *). Éstos por necesidad, el otro, el conquistador de la colonia católica, el sacerote, el obispo, el enviado, por deseo, el deseo más firme de todos en estos casos, que formula toda la obra maestra: la codicia por la posibilidad infinita de tener. Y tener dinero, mujeres, comida, gula, ira, fornicación, lujo. El desmedro en nombre del desmedro. Ah, si, pero siempre encapsulado en una corona evangelizadora o ideal. Y los otros, los indios, los otros bastardos olvidados por dios desean lo mismo: ser príncipes de príncipes, la gloria de la gloria, siempre a mayor honra del hombre. Pero ¿quién es el héroe?. Tal vez el único egipcio erudito en las artes de leer los cielos de la verdad (si es que hay una) y de la Idea, que se erige en las alturas cultivando la manifestación de los más osadas formas y contenidos arquetípicos, desde donde nace todo: el sol, la luna y otra vez el sol y construye semblantes ideológicos que cultivan los valores y antivalores del hombre, es Aguirre. Él conquista, finalmente no por la conquista burguesa del placer prestado, él desea conquistar por gloria y honor, quizás los únicos valores más cercanos a la epopeya del filosofo. Aguirre, sí, Aguirre, la cólera misma de dios, es el verdadero héroe, pero enmascarado, formulado, exigido como antihéroe. El más sincero, el más crucial, el espontáneo, el genuino, el desdoblado de sí mismo, el que logró salir de sí y trascender, como trascienden los héroes, mediante el sacrificio de uno mismo por uno mismo. Y solo (en su ánimo de guerrero invencible) es el único que persiste de pie, en la canoa, en la balsa de palos malditos, ajenos, desconocidos, esperando la conquista de su sueño, el trofeo mismo: conquistar. He aquí el valor más elevado de la evolución humana: la conquista de lo desconocido, la comprensión de la oscuridad, iluminar lo negro, poseer el espacio, la madre germinal de los grandes avances de la raza humana. Ella y el amor, construyen, como la guerra y el orden, los ciclos que desde siempre han cultivado las profundidades más últimas del alma humana y las rosas más bellas del jardín del Edén perdido: la eterna libertad de disfrutar el placer y la posibilidad infinita de ser-sin-límites. La no-castración, el rey, el creador. Pero aquí, el antihéroe es el héroe y el sacrificio, hijo sagrado de la culpa divina, desea despertar. ¿Dejarán las ninfas dormir, esta vez, al fauno?

La espalda de Dios, el único rostro que se le conoce, es tan oscura como la luz que puede dar su figura. La ira de dios, no es sino también su máxima expresión de amor. Y, a pesar de las muertes, de los privados, de los quedados en el camino, de la niña, del traidor, de la fabulación falsa de creer en el orden preestablecido de una corona artificial, no se puede decir más que: no existen héroes buenos o malos, antihéroes positivos o antihéroes descarados, solo es héroe el que es capaz de desenvolvimiento humano.

Así y todo, la torre de babel sigue creciendo, para que tal vez algún día, alcance a poder vislumbrar frente a frente las narices de su dios. Pero para semejante ocasión, como afirma Carl Gustav Jung, el psiquiatra suizo, hace falta humildad. Y no hay mayor humildad que saberse un antihéroe. Y si aún así la crítica es pura y tiene sus razones de castigo, si aun así el hombre espurio es juzgado por su naturaleza completa, por lo que realmente es, la más bella de todas las bondades y la más cruel de todas las verdades, no os preocupéis, la magnolia seguirá creciendo.

* Oswald de Andrade. Revista de Antropofagia, año I, nro I. Mayo de 1928, San Pablo, Brasil. (Año 374 de la Deglución del Obispo Sardinha – Piratininga).


El templo de la magnolia

La magnolia sigue creciendo.
Y el hombre está desnudo.

Han nacido el héroe, Dios y el antihéroe.
Serán todos los hombres.

Y triste, en el refugio, el Fauno llora.

martes, 24 de agosto de 2010

El primer superhéroe de todos

Superman (1978)
Calificación: * * * * (Imprescindible)
Dirigida por Richard Donner
Con Marlon Brando, Gene Hackman, Christopher Reeve, Ned Beatty, Jackie Cooper y Glenn Ford.

Por Joaquín Bilbao

Siendo Superman el primer superhéroe de la historia del cómic, cuya aparición en Action Comics #1 data de 1938, no sorprende que, cuarenta años después, también fuera el primero en hacer su presentación en la pantalla grande. You’ll believe a man can fly” se leía en los afiches previos al estreno del film, cuando muy poco se sabía sobre su producción. ¿Podía la película estar a la altura de uno de los mayores fenómenos culturales de Estados Unidos?

A más de treinta años del estreno de Superman, con otras cuatro películas sobre el último hombre de Krypton, y la inauguración de un nuevo género cinematográfico que dio películas como Batman: El caballero de la noche (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008), la respuesta es claramente afirmativa: su director, Richard Donner, superó todas las expectativas.

Marlon Brando es el padre kryptoniano de Superman.

Cuando Superman aparecía en la Fortaleza de la Soledad, una suerte de palacio natural de cristales, y despegaba del suelo para volar hacia el ojo de la cámara, los espectadores ya estaban entregados a la visión de Donner. Las primeras líneas de la película, “Esto no es ninguna fantasía, ningún producto de imaginación salvaje”, dichas por el gran Marlon Brando, dejaban de ser advertencia y se volvían realidad.

Más allá de los brillantes efectos especiales, la credibilidad de la película se basa acertadamente en la calidad de un elenco de excelentes actores. El seductor Brando se viste del padre kryptoniano de Superman, el querible Glenn Ford es el honesto granjero de Kansas que adopta al héroe cuando “cae” a la Tierra, y el versátil Gene Hackman divierte en una versión disparatada del villano Lex Luthor.

Christopher Reeve sonriente como el hombre de acero.

Claro que el mayor mérito de todos lo tiene el entonces desconocido Christopher Reeve, quien se convertiría en el perfecto Superman, rol del que nunca lograría despegarse. La calidez de su rostro, la entonación de sus palabras y la caracterización del cómico alter ego, Clark Kent, hicieron, junto a su carisma, que nadie pueda ya pensar en el hombre de acero sin imaginárselo a Reeve.

Por razones de espacio no me adentraré en la magnífica fotografía de Geoffrey Unsworth, el director de fotografía de 2001: Odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968), otro de los puntos altos del film. Tampoco diré demasiado sobre la música de John Williams, salvo que para los amantes de las bandas sonoras, es una cita obligada con una de las composiciones más reconocidas del siglo pasado.

La granja de la familia Kent, retratada por Geoffrey Unsworth.

Si bien la película exhibe cierta ingenuidad que las audiencias de hoy no parecen permitirse, se sostiene por su sensibilidad pop, trascendiendo su época y permaneciendo vigente.

Para los melancólicos, dejo la memorable escena en que Superman y Lois vuelan juntos por primera vez. Cultura pop en su máxima expresión. [Sólo es posible verla desde YouTube; hagan un click más y no se la pierdan.]

Por último, recomiendo la lectura de la nota "Bill, te equivocaste", escrita por Natalio Stecconi en el último número de nuestra revista. El celebrado monólogo de David Carradine sobre Superman al final de Kill Bill Vol. II (Quentin Tarantino, 2004) es cruzado con algunos pasajes de Umberto Eco y confesiones autobiográficas.