Gran parte de la tradición cultural de Occidente se construyó sobre lo que algunos dan a llamar la “cristiandad” (digamos, el cristianismo llevado a la política; es decir, al poder). No parece arriesgado pensar que una de las consecuencias de este proceso masivo fue la generación de un profundo sentimiento de culpa al experimentar el placer, especialmente aquel que emana del libre uso del cuerpo.Por supuesto, los tiempos cambian y las revoluciones tienen mucho que ver con ello (como acertadamente indicara nuestra querida Nuria en un comentario a la entrada anterior). Entonces, que mejor que entregarse al placer y deleitarse con un par de obras cinematográficas que ilustran dos de esos movimientos que derribaron algunas barreras reaccionarias.
The Dreamers (2003) de Bernardo Bertolucci
París, Mayo del 1968. Un entusiasta del cine, su amigo y la hermana de éste conviven por un mes en un departamento. El relato del encantador intento de dejar atrás los valores de la sociedad burguesa. Por cierto, Eva Green se pasea como Dios (?) la trajo al mundo, un detalle no menor.
Woodstock (1970) de Michael Wadleigh
Sí, están varios de los mejores músicos masivos y populares del siglo pasado (en especial, el inmortal Jimi Hendrix). Pero lo que importa no está en el escenario sino en los cuerpos desnudos de miembros de la audiencia, enchastrados por el lodo, muchos de ellos verdaderos hippies, comprometidos por el amor libre (y otras hierbas).
Desconocemos la autoría de la foto que abre el post, que obtuvimos del blog del artista Roy Arden.
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